25 Mar
25Mar

Hay obras que terminan y te quedás ahí, en la butaca, sin ganas de levantarte. La Máquina del Tiempo es una de esas. Esta temporada de verano le dio una segunda vuelta al circuito porteño a este espectáculo — y qué bien que lo hizo. Porque la sala se llenó de algo difícil de nombrar: esa mezcla de inquietud y asombro que el buen teatro te regala cuando menos lo esperás. 

La propuesta parte del clásico de H. G. Wells. Un viajero. Un salto en el tiempo. Un futuro que no es lo que esperaba. Nada nuevo, dirás. Pero acá hay algo distinto. La obra no viene a contarte una historia de ciencia ficción nomás — viene a sacudirte un poco. 

El protagonista viaja al porvenir y se topa con una sociedad partida al medio: los Eloi, que viven en la superficie entregados al placer y sin memoria, y los Morlocks, criaturas subterráneas que sostienen ese orden desde abajo. ¿Te suena conocido? Claro que sí. Eso es exactamente lo que hace que el espectáculo funcione. 


¿Cómo nació todo esto? 

La inquietud fue clara desde el principio: llevar los debates de Wells al caos del siglo XXI. Luis Belenda, autor y director, se preguntó qué pasaría si esas tensiones del 1900 las poníamos frente a un espejo de hoy. El resultado es una puesta que no te da respiro. El escenario no decora — interpela. Cada elemento, desde el vestuario hasta la música, tiene una razón de ser. Los Eloi vestidos de luz, los Morlocks en oscuridad total. No hace falta leer el programa para entender de qué lado está cada uno. 




Belenda también actúa. Encarna a Wells con una entrega física que se nota real, no forzada. Y el elenco que lo rodea — doce intérpretes en total — está a la altura. Uno de los grandes logros del espectáculo es esa capacidad del conjunto para pasar de un personaje a otro sin que se note el esfuerzo. Un momento sos testigo de una escena íntima; al siguiente, el cuerpo de actores forma una imagen colectiva que te deja sin palabras. Eso no es fácil. Es trabajo, ensayo, y una confianza entre ellos que se percibe desde la platea. 

La dirección de Belenda, junto con la producción de Matías Alarcón y Gisela Parapar, apuesta por lo sensorial. El diseño sonoro de Jorge Feraudo construye una tensión que no afloja — la música original empuja la narración hacia adelante como si tuviera motor propio. Recursos audiovisuales, coreografía, todo en función del relato. 

El tiempo, que en el papel es un concepto abstracto, acá se siente en el cuerpo. Eso es dirección con criterio. La temática es la que es — desigualdad, alienación, el peligro de vivir en piloto automático — pero la obra no te da un sermón. Te cuenta una historia. Y vos, si querés, sacás tus propias conclusiones. Eso es lo que diferencia el buen teatro del teatro panfletario. 


El cierre te deja pensando. No con tristeza, sino con esa sensación rara de haber estado en un lugar importante. Salís a la calle y el ruido de Buenos Aires te golpea diferente. Pensás en el protagonista, en su viaje, y por un segundo entendés que quizás ese viaje también es el tuyo — el de todos nosotros tratando de entender hacia dónde vamos. En un momento donde la pantalla del celu reemplaza cada vez más el contacto real, encontrar un espectáculo que convoque a la reflexión colectiva es un regalo. 

La Máquina del Tiempo vale la entrada, vale el tiempo, vale la charla que surge después. Para grandes y chicos, para los que van siempre al teatro y para los que no van nunca. A veces el arte nos obliga a mirarnos de frente... y eso, aunque incómodo, es necesario. 



Funciones: viernes a las 23:00 horas en el Teatro Multiescena (Av. Corrientes 1764, CABA) 


Créditos

Dirección general: Luis Belenda

Producción general: Luis de San Juan Producciones

Producción ejecutiva: Matías Alarcón y Gisela Parapar 


Elenco principal

Wells: Luis Belenda

Philby/Jeremías/Policía: Jorge Feraudo

Sifuentes/Amenábar: Leandro Ciardelli

Weena/Mujer de la Resistencia: Florencia Señorans

Dr. Dreyfus/Linyera: Manu Tolosa

Oráculo/Mujer de la Resistencia: María Marchessi 


Elenco de movimiento

(Eloi/Morlock): Aylen Cerza, Miguel Villaverde, Alondra Quevedo, Franco Amado, Nahuel Aguirre, María Yasmin Josef Equipo creativo y técnico

Diseño de escenografía: Lucas Furiasse y Florencia Gentile

Asistencia de escenografía: Rocío Soria

Operación técnica en escenario: Rocío Soria, María Paz Giribone, Josefina Laspidur

Diseño de iluminación: Lucas Furiasse y Florencia Gentile

Diseño sonoro y musical: Jorge Feraudo

Banda sonora original y canciones: Luis Belenda

Grabación en estudio y arreglos: Gustavo Mary

Dirección coreográfica: Aylen Cerza

Dirección de escenas de acción: Miguel Villaverde

Realización escenográfica: Rocío Soria, María Paz Giribone, Josefina Laspidur

Operador de sonido: Giuliana Feraudo

Stage manager: Joaquín Pérez Janin


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