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Yo soy Mika de Frankfurt!: un documental que abraza fuerte

Hay películas que entran por los ojos y otras que entran por el pecho. Yo soy Mika de Frankfurt! es de las segundas. Desde el primer fotograma, uno entiende que esto no es un documental convencional sobre una artista. Es otra cosa. Es un retrato vivo, inquieto, que sigue a Manu Fanego —o mejor dicho, a Mika— en uno de los momentos más bisagra de su carrera: el salto hacia la música solista, la grabación de su disco Cosas Lindas y su debut como conductora. No hay golpes de efecto ni revelaciones dramáticas. Hay algo más difícil de conseguir: honestidad. 




¿Cómo nació todo esto? La respuesta es simple y a la vez enorme: una década de trabajo. El director Leandro Tolchinsky no llegó un día con una cámara y se fue al otro. Este proyecto se gestó durante años, con paciencia, con acumulación. Y eso se nota en cada plano. Hay en el film una familiaridad entre la cámara y su protagonista que no se fabrica de un día para el otro. Se construye con tiempo, con confianza, con muchos cafés compartidos —supongo—. 

En ese sentido, Yo soy Mika de Frankfurt! llega en un momento muy particular. En la Argentina de hoy, donde el ruido es constante y la crueldad parece haberse puesto de moda, una película así resulta casi un acto político. No por lo que dice con palabras, sino por lo que elige mostrar: ternura, comunidad, identidad construida junto a otres. 




Tolchinsky dirige con una austeridad que no es frialdad —es lo contrario. Combina momentos de observación directa, casi invisible, con material de archivo que agrega capas de tiempo al relato. La cámara acompaña sin molestar. No interroga, no juzga, no empuja. Deja que las cosas sucedan. 

Y en ese espacio de libertad, Mika despliega todo lo que es: cantante, entrevistadora, figura escénica, persona. Porque sí, Mika es un alter ego, una creación artística... pero eso no la hace menos real. Al revés. Hay algo en habitar el artificio con tanta convicción que termina por volverse más auténtico que muchas personas que se presentan como "lo que realmente son". 

La película también abre el juego a otras voces. Mika entrevista, escucha, cede el micrófono. Aparecen figuras como la escritora Tamara Tenenbaum o la psicóloga social y activista trans Marlene Wayar. Estas conversaciones no son adornos. Son parte de la columna vertebral del film. Porque la identidad de Mika no surge de la nada —surge del diálogo, del roce con otres, de un entramado colectivo. Eso es lo que Tolchinsky capta con mucha inteligencia: que ninguna historia es solo de uno. 




Y el cierre. Ay, el cierre. Hacia los últimos minutos aparece Daniel Fanego, el padre —el recordado genial actor— en un momento breve pero que pega en el centro exacto del corazón. No hace falta decir más. 

Yo soy Mika de Frankfurt! es una de esas películas que uno sale a la calle después de ver y camina un poco diferente. No porque te haya dado respuestas. Sino porque te dejó con preguntas más lindas que las que tenías antes. ¿Quién soy cuando nadie me mira? ¿Qué tan mío es lo que construyo? ¿Puedo transformar lo feo en algo que valga la pena? Mika dice que quiere cantar Cosas Lindas para que todos tengan lindos sueños. 

En estos tiempos ásperos, eso no es una ingenuidad. Es un acto de resistencia. Y ver este film —en sala, como corresponde— se parece bastante a recibir un abrazo cuando más lo necesitás. 

Se estrena este viernes 20 a las 21hs en Cine Arte Cacodelphia, Roque Saenz Peña 1150, CABA.