Hay obras que te dejan pensando días después de verlas. Antes muerta es una de esas. Una propuesta de danza-teatro que se presentó los jueves de abril en Planta Inclán, con funciones de apenas 45 minutos que pesan mucho más de lo que dura el reloj.
En escena: dos cuerpos que no respiran, no miran, no recuerdan. Dos maniquís. O algo parecido. La pregunta que instala la obra desde el primer instante es sencilla y perturbadora a la vez: ¿qué puede un cuerpo sin pasado?
La sala tiene cuatro cuerpos. Uno es el de Roxana Dolinsky, una señora de mediana edad que barre, tranquila, hacia el proscenio. Otro es el de Tomás Melillo, un ser con el traje al revés, desplomado sobre un piano, con una careta en la nuca. Y en el fondo, lejos, quietas, están ellas dos: los maniquís. Eso es todo. Y con eso alcanza.

La obra nació de una búsqueda concreta. Catalina Briski, directora y una de las intérpretes, dirige la compañía Danza Rota, y ese nombre lo dice todo. El movimiento acá no es fluido ni orgánico. Es roto. Es una humanidad a tientas, que busca algo y no llega. Junto a ella, Vera Spinetta, hija del músico Luis Alberto Spinetta, completa el dúo de maniquís que cobra vida y desea, con torpeza y con insistencia, ser humana.
La raíz conceptual de Antes muerta se apoya en la obra del director polaco Thadeus Kantor y su Teatro de la Muerte. Argentina tiene una relación especial con ese universo: Pompeyo Audivert y Mariana Obersztern, dos de los maestros más importantes del teatro local, son herederos directos de esa tradición. En las obras de Kantor, los cuerpos y los objetos se confunden. El teatro no retrata lo orgánico: construye máquinas expresivas. Briski bebió de esa fuente y armó algo propio.
La dirección es precisa. No hay un solo gesto de más. Briski trabaja desde lo plástico: el maquillaje, el peinado, el vestuario diseñados por Uriel Cistaro, Adam Efron y Alejo Moises construyen una estética que remite al maniquí de vidriera, pero con una carga existencial que va mucho más allá. La máscara que lleva Melillo, obra de Luisa Vega, termina de armar ese personaje "dado vuelta", ese ser que intenta conectar y tampoco puede.
Briski y Spinetta son las protagonistas, y su trabajo es de una exigencia enorme. No se trata de actuar con el cuerpo: se trata de actuar como si el cuerpo no supiera actuar. Esa diferencia es todo. El movimiento geométrico y árido que proponen contrasta con la música en vivo de Melillo al piano, una textura armónica y resonante. Encima de eso, los parlantes suman una música de cámara que tiñe la escena de una emoción que los cuerpos no expresan. La combinación produce distancia. Produce algo parecido a la muerte.
La dramaturgia del movimiento estuvo a cargo de María Kuhmichel, y la iluminación de Paula Fraga completa el cuadro: una escena que no busca efectismos, que trabaja con sutileza y con fuerza al mismo tiempo.
Lo que propone Antes muerta es incómodo. Te pide que mires no lo que pasa, sino lo que no puede pasar. El fracaso de esos cuerpos no es un error de la obra: es la obra. Ahí, en esa imposibilidad de revivir algo perdido, aparece la pregunta real. ¿Cuánto de nosotros es también gesto aprendido, repetido, copiado de alguien que ya no está?
Cuarenta y cinco minutos. Cuatro cuerpos. Un piano. Y una pregunta que se queda.

Inclan 2661
Entradas desde el sitio del espacio
Intérpretes: Vera Spinetta, Catalina Briski y Tomás Melillo
Invitada especial: Roxana Dolinsky
Asistencia de dirección y producción general: Josefina Sagasti
Composición musical: Tomás Melillo
Colaboración artística y dramaturgia del movimiento: María Kuhmichel
Diseño de caracterización y vestuario: Uriel CistaroDiseño
y realización de iluminación: Paula Fraga
Fotografía: Sergio Bosco
Video y edición: Leo Fastovsky
Diseño de Maquillaje: Adam Efron
Peinado: Alejo MoisesDiseño y realización de
Máscara: Luisa Vega
Diseño gráfico: Mercedes Bianco
Prensa y difusión: Carolina Alfonso
Producción ejecutiva: Micaela Sorella
Dirección: Catalina Briski
Funciones: jueves de marzo y abril a las 21 hs.
Duración: 45 minutos