05 May
05May

Hay obras que te atrapan desde el primer minuto. "Ateneo para una Familia" es una de esas. Se presenta en el Teatro de la Ribera del Complejo Teatral de Buenos Aires, ubicado en la Avenida Pedro de Mendoza 1821: viernes a las 14:30, sábados y domingos a las 16:30. Noventa minutos que pasan sin que te des cuenta. 

La temporada arrancó el 17 de abril y tiene funciones hasta el 14 de junio. La propuesta es directa: diez actores en escena, una familia de clase media argentina en caída libre, y un país que repite los mismos errores. Una y otra vez. El resultado es una obra que te interpela de frente, sin rodeos, con la incomodidad de quien se mira en un espejo sin pedir permiso. 


Cómo nació todo esto

El punto de partida fue un clásico del teatro rioplatense: "Barranca abajo", de Florencio Sánchez, escrita en 1905. Marcelo Mininno, autor y director de esta versión, tomó esa pieza y la reescribió. La actualizó. Le incorporó las crisis económicas argentinas de los ochenta, los noventa y el 2001. El resultado es un texto nuevo que carga con la historia del original... y con la nuestra. 

La estructura es casi musical: un prólogo, tres movimientos y un epílogo. No es casual ese diseño. La obra avanza con un ritmo donde cada escena tiene su propio tempo. Y el reloj en escena no marca únicamente las horas de una casa. Marca también las de un país en permanente caída. 



Dirección, temática y el trabajo del elenco

Mininno construyó un dispositivo escénico que mezcla ficción, memoria y realidad. Los diez personajes cuentan, cada uno a su tiempo, cómo viven la crisis y el derrumbe. El padre es un ludópata que estafa a los suyos y pierde toda autoridad. Damián, el hijo, vuelve a casa después de fracasar en los negocios y se encuentra con una realidad que no esperaba. La deuda, la especulación financiera, la desintegración familiar... todo está ahí, sin disfraces. 

La escenografía de Rodrigo González Garillo habla por sí sola: paredes descascaradas, muebles destartalados, objetos viejos. No hace falta que nadie explique que esta familia está en problemas. Lo ves en cuanto entrás al teatro. El vestuario de Pheonia Veloz refuerza esa sensación con algo de estrafalario que tiene la decadencia cuando la mirás de frente. La iluminación de Eli Sirlin, el diseño sonoro y la composición musical de Nico Diab, y la coreografía de Andrés Molina completan un trabajo técnico de primer nivel. La dinámica en escena no cae en ningún momento. Noventa minutos sin un segundo muerto. 

Agustín Rittano se lleva los aplausos como Damián. Su trabajo es sólido, preciso, con una presencia escénica que mantiene la atención del público de principio a fin. Malena Figó, Karina Antonelli y Horacio Marassi están a la altura de ese nivel. 

Y el grupo de egresados de la EMAD que completa el elenco, Diego Berone, Catalina Fusari Picollo, Leila Ducrey, Benjamín Marco, Paula Rozenwurcel y Jonás Volman, demuestran que la escuela pública de artes produce actores de verdad. La asistencia de dirección de Silvia Oleksikiw cierra un equipo que se nota cohesionado en cada escena.

 


Esta obra habla de la deuda externa, de la especulación financiera, de la clase media que cae... y lo hace desde adentro de una casa. Desde los gritos entre padres e hijos. Desde la bronca y la culpa que circulan en una mesa familiar, con el peso de años de errores que nadie quiere asumir. 

Lo que pasa entre generaciones dentro de esa familia es lo mismo que nos pasó a los argentinos una y otra vez. Los más grandes van a rememorar. Los más jóvenes van a entender cosas que nadie les explicó bien. Y todos, en algún momento de los noventa minutos, van a sentir que esa historia les pertenece. 

"Ateneo para una Familia" no da respuestas. Hace algo distinto: te pone frente a las preguntas que todavía no nos animamos a hacernos. Eso, en el teatro, vale mucho.



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