Hay obras que llegan a la calle Corrientes con una promesa. Cuestión de Género traía una de las buenas: una comedia francesa, filosa, recién salida del horno en París. Un texto sobre secretos, identidad y la hipocresía de manual. Y encima, con una dupla que es un fuego: Moria Casán y Jorge Marrale. Uno entra al Teatro Metropolitan con una idea. Pero, ojo, sale con otra muy distinta. Sale del show de Moria. Y eso, para bien o para mal, lo cambia todo.
La historia original es un bombón. Pura dinamita. Una comedia de la actriz Jade-Rose Parker que en Francia fue un éxito con Victoria Abril. Imaginate la escena: una mujer de clase alta, después de treinta años de matrimonio, le confiesa a su marido, un político progre de manual, que es una mujer trans. Un misil directo a la línea de flotación de las buenas conciencias. En su concepción original, la pieza se inscribe en la tradición de la alta comedia de bulevar, un mecanismo de relojería donde cada réplica funciona como un bisturí para diseccionar la hipocresía burguesa. Sin embargo, la adaptación local tomó otro camino. Un camino más nuestro, más de acá. Un camino que se llama Moria Casán.

Y aquí es donde la cosa se pone interesante. La dirección de Nelson Valente es inteligente. Valente es un tipo que conoce el paño, sabe de ritmos, de comedia. Pero su mayor acierto, o su mayor concesión, fue entender una cosa: cuando tenés a Moria en el escenario, la obra es otra. El texto se vuelve una excusa. La temática, esa “cuestión de género” tan potente, pasa a un segundo plano. ¿Por qué? Porque el escenario no lo ocupa Jade, la protagonista. Lo ocupa Moria, el ícono. Ella no actúa, ella es. Cada línea de diálogo, cada gesto, está pasado por su filtro. Sus muletillas, su energía, su conexión con la platea que la idolatra. Es un huracán que se lleva puesto el guion.
Y la versatilidad de los protagonistas es un tema aparte. Moria ofrece un espectáculo de carisma puro. Es magnética, es graciosa, es una fuerza de la naturaleza. Pero no hay matices. La Jade compleja, con miedos y una historia profunda, desaparece. En su lugar, tenemos a la One, en su salsa, con su repertorio de frases que el público celebra como un gol. Frente a ella, Jorge Marrale hace un trabajo de orfebre. Es el ancla, el que intenta sostener la ficción. Su Francisco, ese político lleno de contradicciones, es impecable. Un placer verlo en escena, con esas miradas que dicen todo lo que el texto a veces calla. A su lado, Paula Kohan y Ariel Pérez De María cumplen sus roles con solidez. Aportan frescura, pero es difícil brillar cuando hay un sol en el centro del escenario.
Al final de la noche, uno sale con un nudo en la garganta. ¿Cuánto hay de verdad en lo que mostramos a los otros? La obra nos pone frente a un espejo un poco roto. Habla de la hipocresía de los que se dicen modernos pero que no soportan la realidad bajo su propio techo. Es un grito sobre la identidad y el amor sin condiciones. Salís del teatro y el aire de Corrientes te abraza. Te llevás las risas, claro. Pero también esa sensación de que el mundo cambia y nosotros, a veces, nos quedamos atrás por miedo. Es una invitación a dejar de lado la careta. Moria es un faro, Marrale es el ancla y el público se lleva algo más que un autógrafo. Una noche de teatro con sabor a verdad, ideal para ir con amigos y charlar un rato largo después de la función. No te la pierdas, es una experiencia que te sacude un poco el avispero.

Ficha Técnica y Detalles:
Autor: Jade Rose Parker
Dirección: Nelson Valente
Elenco: Moria Casán – Jorge Marrale, Paula Kohan, Ariel Perez De María
Teatro: Metropolitan (Avda. Corrientes 1343) – CABA
Funciones: Miércoles, Jueves y Viernes 20h / Sábado 20:30h / Domingo 19:15h
Entradas en: www.plateanet.com o boletería