Hay espectáculos que te entretienen. Y hay espectáculos que te incomodan un poco, te hacen reír, y al salir del teatro seguís pensando en ellos. "Feliz Día", la comedia de Los Sutottos, es de los segundos.
El dúo volvió al Teatro Picadero con su segunda temporada, y la recepción del público lo dice todo: las entradas se agotan, la gente sale comentando, y hay algo en ese humor filoso que no te suelta fácil. No es comedia de chistes. Es algo más raro y más interesante que eso.
La historia es simple, casi brutal en su simpleza. Dos mellizos de cuarenta años viven en la casa de su madre. Es su cumpleaños. Esperan invitados que no llegan. Y en ese espacio vacío, entre la torta sin cortar y las sillas acomodadas para nadie, pasa todo.
La trama deja ver un vínculo con la madre que bordea lo grotesco, dos hijos que nunca se fueron del todo, uno con el título de preferido y el otro cargando esa marca desde siempre. La ausencia de ella desestabiliza todo el andamiaje. Y ahí, en esa fisura, aparece la comedia. Pero una comedia que duele un poquito.

Cómo nació todo esto
Andrés Caminos y Gadiel Sztryk son Los Sutottos. Ellos escriben, dirigen y actúan. Todo. Esa integración no es un detalle menor: le da al espectáculo una coherencia que se nota en cada gesto, en cada pausa, en cada mirada que vale más que un monólogo entero.
Antes de volver al Picadero, el dúo recorrió escenarios en España, Uruguay y varias ciudades de Argentina, incluyendo el teatro Auditorium de Mar del Plata. Ese recorrido se nota. La obra llega a Buenos Aires con una madurez que no se improvisa.
Una dirección que apuesta a lo justo
La escenografía es mínima: un gran número 40 que funciona como asiento, una mesa, sillas, un biombo y la torta. Eso es todo. No hay distracción posible. La atención va directo a los cuerpos y las voces de los dos intérpretes, y ellos responden a esa exigencia sin titubear.
La dirección, que también es de ellos mismos, encuentra el equilibrio entre lo oscuro y lo tierno. Cada silencio tiene peso. Cada mirada genera risa sin que nadie diga nada. Hay un momento donde la abuela muerta les habla desde el más allá para cuestionar la calidad del espectáculo. Suena absurdo. Y es, paradójicamente, uno de los momentos más honestos de la obra.
La expresión corporal es precisa, calculada, y al mismo tiempo parece completamente natural. Eso no se logra fácil. Caminos y Sztryk construyen dos personajes que podrían caer en la caricatura y en cambio aterrizan en algo que reconocés, algo que te resulta cercano aunque no quieras admitirlo.

El fondo de todo
"Feliz Día" habla de algo que todos conocemos: esa presión de ser felices cuando el calendario lo indica. El cumpleaños como fecha obligatoria de alegría. El "que los cumplas feliz" que deja de ser un deseo y se convierte en una exigencia que no se puede sostener.
Hay algo muy porteño en eso. La fiesta que no sale, los invitados que no aparecen, la sensación de haber fallado en el día que, supuestamente, tenías que brillar. La obra toma esa incomodidad y la convierte en material cómico, y al hacerlo dice algo verdadero sobre cómo vivimos.
Reír de eso es un alivio. Y a veces, el alivio es la forma más honesta de entender algo.
"Feliz Día" va los sábados a las 18 hs en el Teatro Picadero, Pasaje Enrique Santos Discépolo 1857, CABA. Las entradas están en www.plateanet.com.