24 Feb
24Feb

Hay obras de teatro que te sacuden. Que te dejan sentado en la butaca, todavía procesando lo que acabás de ver, mientras la gente ya aplaude y vos seguís ahí, quieto. Ha muerto un puto es una de esas obras. Vuelve a escena este marzo en Planta Inclán con cuatro únicas funciones los domingos a las 20hs. Poca cosa para lo que te dan a cambio. 

El espectáculo llega con el peso de tres temporadas encima y una cosecha de premios que no es menor. Ganó en los Trinidad Guevara 2024 como mejor dirección, y su elenco acumuló nominaciones y reconocimientos que hablan solos. Pero los premios son los premios... Lo que importa es que la obra funciona. Y vaya si funciona. 




Todo arrancó con una figura que muchos desconocen: Carlos Correas. Escritor, traductor, ensayista. Un tipo que en los 50 fue parte de la revista Contorno junto a Juan José Sebreli y Oscar Masotta, tres amigos empapados de Sartre, de ideas y de aventuras clandestinas. Hasta que un cuento lo destruyó. O más bien, lo destruyeron a él por ese cuento. La narración de la historia - considerado el primer relato homosexual de la literatura argentina - le valió una condena por "publicaciones obscenas". Prisión domiciliaria, escándalo, y después... el silencio. Masotta, Sebreli y él mismo le dieron la espalda. Correas no publicó nada durante veinticinco años. 

Gustavo Tarrío tomó esa historia y decidió no hacer un biopic ni una lección de historia. Nada de eso. Lo que construyó es algo más parecido a un álbum conceptual puesto en escena, una playlist que salta entre los textos tempranos de Correas, su autobiografía y sus reseñas de cine y televisión de los 90 - ácidas, lúcidas, a veces hilarantes. El resultado tiene más de recital que de obra teatral tradicional. Y eso, lejos de ser un defecto, es exactamente lo que lo hace único. 


La dirección de Tarrío es la columna vertebral de todo. Ganador del Trinidad Guevara 2024 como mejor director, acá demuestra por qué. No cae en el melodrama fácil ni en el documental ilustrado. Elige pocas imágenes, pero cada una cargada de algo. Una estética que alguien podría comparar con Bob Fosse: economía de recursos, pero cada movimiento con peso propio. La oscuridad escénica se transforma en un espacio melancólico, sí, pero también vital. No es un velorio. Es una celebración con sombras. 

Y después están ellas - y él. María Laura Alemán, actriz trans y compositora de la música de la obra, que ganó el Trinidad Guevara por esa misma partitura. Vero Gérez, cantante, actriz y militante LGBTIQ+, nominada como revelación femenina. David Gudiño, actor, performer y militante de la causa marrón. 

El propio Tarrío dice que esta obra no podría hacerse con otro elenco. Y tiene razón. No interpretan a Correas - eso sería demasiado literal. Representan sus voces, sus narradores ficticios. Cuando alguno de ellos se sacude, da vueltas o se detiene en seco, no sabés si es la marcación o si es el mismísimo Correas que se les despertó adentro. Esa ambigüedad es preciosa. 




Ha muerto un puto es muchas cosas a la vez. Un réquiem luminoso para un escritor que eligió - o lo eligieron - quedar en las sombras. Una forma de vengar una condena absurda. Y también, sin que nadie lo declare, una pregunta que queda flotando en el aire del teatro: ¿cuántos Correas hubo? ¿Cuántos siguen ahí, callados, esperando que alguien les haga una obra como esta? Vale la pena ir. Vale la pena llevar a alguien. Y vale la pena quedarse sentado un rato más cuando termine, procesando todo. 


"Ha muerto un puto" se presenta por únicas 4 funciones: los domingos 1, 8, 15 y 22 de marzo a las 20hs en Planta Inclán (Inclán 2661, CABA), con entrada general a $17.000 (ver descuentos), a la venta por la web del teatro



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