02 May
02May

Hay shows que te agarran de entrada y no te sueltan. "La Apocalipsis Existe" es uno de esos. Cada domingo, a las 22 horas, el Teatro Picadero (Pasaje Enrique Santos Discépolo 1857, CABA) se convierte en algo difícil de clasificar: parte misa, parte caos, parte catarsis colectiva. Y todo con Fabio Alberti al frente. 

Peperino Pomoro, su personaje más emblemático, anuncia el fin del mundo con una solemnidad que provoca risa y pensamiento al mismo tiempo. No es un show de chistes sueltos. Es un ritual armado con precisión, aunque parezca todo lo contrario. 

La producción está a cargo de Giuliano Bacchi y marca el regreso de Peperino Pomoro al formato teatral. Este espectáculo no es una simple adaptación de material televisivo. Es una relectura que amplía ese universo y lo lleva a nuevas formas de interacción con el público. Los "congregoridianos", como Alberti llama a sus seguidores, entran a una lógica absurda desde el primer minuto. Y una vez adentro, ya no hay salida. 



Todo empezó con Cha Cha Cha, el ciclo de culto de los noventa que convirtió a Peperino Pomoro en un ícono del humor argentino. Ese predicador delirante que mezcla citas bíblicas imposibles con referencias de la cultura popular se consolidó en la pantalla chica y formó parte de la memoria colectiva de varias generaciones. Ahora, ese mismo personaje llega al teatro con una energía renovada y con un formato que le sienta bien. 

El espectáculo tiene una estructura propia. Alberti arma el show con separadores en formato de misa, bautismo incluido, que funcionan como parodias directas de la liturgia religiosa. Esos momentos ordenan el ritmo y preparan el terreno para nuevas irrupciones de humor. Entre escena y escena, aparecen videos con anuncios extravagantes, como la "feria de religiones", cápsulas breves que dialogan con la estética de Todo por $2 y refuerzan el tono kitsch de toda la propuesta. 

La temática es clara: la sátira religiosa. Pero Alberti no se queda en el chiste fácil. La obra narra el mito de origen de Peperino Pomoro, con un ángel tan absurdo como revelador. Hay momentos en que la risa se apaga y el silencio toma su lugar. Esas escenas incomodan un poco, y eso es lo que buscan. El humor negro apunta a situaciones concretas: abusos de poder dentro de las instituciones religiosas, códigos que se naturalizan y merecen cuestionamiento. Todo con la máscara del absurdo, claro. 

La versatilidad del elenco suma otro registro al show. Beto Tony y su muñeco aparecen en escena y aportan un humor de otro tipo. El muñeco, que atraviesa una crisis existencial, genera una capa inesperada de comedia. No es un recurso forzado. Funciona porque encaja con la lógica caótica que propone todo el espectáculo. 



El trabajo de Alberti como actor es el eje de todo. Su ritmo sin pausa, el juego de palabras, la mezcla irreverente entre vocabulario bíblico y referencias cotidianas. Aparenta improvisación, pero hay un guión sólido detrás. Esa tensión entre estructura y libertad es lo que mantiene la atención del público de principio a fin. 

"La Apocalipsis Existe" no es para todos. Es para quienes crecieron con Cha Cha Cha y también para quienes conocen a Peperino Pomoro por primera vez. La risa es el punto de entrada, pero lo que te llevás a casa es otra cosa: la sensación de haber participado de algo colectivo, de haber reído con otros de cosas que, de otra manera, no se dicen en voz alta. Eso es lo que hace el buen humor. No decora la realidad. La muestra de otra manera.



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