27 Jun
27Jun

Hay espectáculos que no buscan impresionar. Que no necesitan escenografías monumentales ni efectos de sonido elaborados. "La que escucha" es uno de ellos. Un show de narración oral que llega al Teatro Felisberto, en Almagro, con algo mucho más difícil de fabricar: verdad. 

El origen del proyecto tiene la lógica de quien escucha de verdad. Claudia Stella pasó tiempo recopilando conversaciones, tomando notas, registrando el habla de personas reales. Sus palabras, sus silencios, sus maneras de contar. De todo ese material, tres historias emergieron con fuerza propia. Tres relatos de mujeres, de madres e hijas, atravesados por el amor, el dolor y el tiempo. No hay aquí una tesis ni un manifiesto. Hay algo más sencillo y más hondo: la convicción de que ciertas historias merecen ser escuchadas. 

La dirección es de Claudia Stella y Gabriel Yeannoteguy, quienes también comparten la producción y la colaboración autoral. El trabajo conjunto se nota. No en la acumulación de recursos, sino en su ausencia calculada. La puesta es minimalista, sí, pero no por falta de medios. Es una elección estética que pone todo el peso en la palabra. El diseño de Laura Poletti en escenografía y el vestuario de Laura Figueroa construyen un ambiente sin distracciones. La iluminación de Lucas Orchessi acompaña sin subrayar. Todo está al servicio de lo que se dice. 



La propuesta no esconde sus preguntas. Las deja flotar. ¿Cuántas maneras hay de ser madre? ¿A quién pertenece el cuerpo de las mujeres pobres? ¿Para qué sirve contar? No hay respuestas. Eso es parte del trabajo. El espectáculo no resuelve: abre. Y en esa apertura vive lo mejor del género. 

Sobre los hombros de Claudia Stella descansa casi todo el peso del relato. Y los sostiene con una naturalidad que no se aprende de un día para otro. Su narración no decora las historias: las habita. Pasa de un tono a otro con la fluidez de quien conoce muy bien el material, porque lo recopiló ella misma, lo trabajó, lo hizo suyo. Hay momentos para reír y otros para emocionarse. Esa oscilación no es accidente: es oficio. La versatilidad que exige este tipo de narración, donde una sola voz construye varios mundos, se asienta en el entrenamiento vocal con Mariana Accinelli y el trabajo corporal con Eleonora Cannistraci. El cuerpo también narra. Y acá eso se nota. 

Los tres relatos no comparten el mismo ritmo ni el mismo tono. Eso es un acierto. Uno llega con urgencia, otro con calma, otro con una tristeza que no aplasta. La estructura no es caprichosa: responde a la diversidad de las mujeres retratadas. Mujeres de distintos contextos, distintas geografías, distintas situaciones. Mujeres que son madres e hijas como pueden. Sin idealizaciones. Sin lástima.

 


El espectáculo tuvo funciones en el Festival Internacional del Teatro Argentino, en la UBA, en Córdoba y en Montevideo. Ahora sigue en la sala donde encontró su casa: el Teatro Felisberto, en Yatay 112. Los domingos de junio, a las 18.30. 

Pues bien, hay algo en el acto de escuchar historias que nos devuelve a algo esencial. Nos recuerda que la vida de los demás no es ajena. Que el dolor ajeno nos concierne. Que la intimidad de una mujer que nunca conocimos puede hacernos pensar en nuestra propia madre, en nosotros mismos, en lo que no dijimos a tiempo. 

"La que escucha" no llega para dar respuestas. Llega para hacer silencio. Para que algo resuene. Y eso, en el teatro de hoy, no es poco.



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