Hay obras que sacuden. "Los fantasmas de Fabiana" es una de esas. Está en su segunda temporada en El Portón de Sánchez y, desde el primer minuto, te engancha. No es teatro cómodo. Es teatro que incomoda, que te hace reír con culpa, que te deja lleno de preguntas al salir a la calle. Esas risas que aparecen en el medio de una sensación de angustia. Esas.
La historia gira en torno a Fabiana, una actriz atrapada en el universo absurdo de las audiciones. Un mundo donde la necesidad de ser vista, elegida y reconocida se vuelve extrema. Hay un amor que regresa como fantasma. Hay obsesión. Hay soledad. Y en el medio de todo eso, late una pregunta que nos resuena a todos: ¿hasta dónde estamos dispuestos a exponernos para conseguir lo que queremos? Fabiana insiste, fracasa, vuelve a insistir. No por terquedad, sino porque no puede parar. Cada intento fallido la intensifica. Y eso, en manos de un buen equipo, se convierte en teatro de verdad.

¿Cómo nació todo esto?
"Los fantasmas de Fabiana" es un proyecto que nació desde adentro. Florencia Rebecchi escribió la dramaturgia, dirigió la obra y actúa en ella. Eso dice mucho. No es frecuente que una creadora asuma los tres roles con tanta precisión y coherencia. El texto tiene pulso propio: es urgente, visceral, pide a los actores entregarse desde el primer momento. Y ellos lo hacen, sin dudas.
El equipo detrás de la puesta es pequeño pero sólido. Jacqueline Maquieira tomó a cargo el vestuario, la escenografía, el arte y el diseño gráfico. Una decisión que le dio al conjunto una unidad visual muy clara. Pilar Malgá Felice asistió en la dirección. Tomar Soley se ocupó de la técnica de escenario. Y en escena, junto a Florencia Rebecchi, está Ezequiel Baquero. Un equipo con roles claros, donde cada parte suma.
Dirección, temática y protagonistas
La dirección de Florencia Rebecchi es precisa. Con pocos elementos en escena, proyecciones que funcionan y una puesta austera, la obra encuentra su propio lenguaje. No necesita efectismos. Se cuenta sola. Esa austeridad no es una limitación: es una elección. Y pega fuerte. Relajada, real, vívida en su rol de protagonista. No interpreta a Fabiana: la habita. Te mete en ese mundo antes de que termines de acomodarte en la butaca. Eso no es fácil. Eso es oficio.
La temática cruza varios planos. Por un lado, el mundo de las audiciones: ese espacio donde los actores exponen sus miedos, sus herramientas, su cuerpo entero. La obra muestra cómo se trabaja desde lo gestual, desde la voz, desde la postura.
Por otro lado, habla de algo que va más allá: la necesidad de validación. Fabiana no avanza, insiste. Y esa insistencia deja de ser un motor para convertirse en una condena.
El humor aparece en la dosis justa. Nunca tapa el dolor, pero lo hace más humano. Te reís y te conmovés en el mismo instante. Fabiana es intensa, contradictoria, desbordada. Uno termina con afecto por ella. Ese es uno de los grandes logros del texto: Florencia Rebecchi escribió un personaje que en la vida real tal vez miraríamos con distancia, y en escena nos gana por completo.

Una pregunta final
"Los fantasmas de Fabiana" habla de fracaso. Pero no del fracaso por falta de intento, sino por su exceso. Esa es la paradoja que la obra plantea con inteligencia: ¿qué pasa cuando uno lo da todo y no alcanza? ¿Cuánto tiempo hay que esperar para soltar a alguien, para dejar de insistir, para aceptar que algunos espacios no están hechos a tu medida?
La obra no resuelve. Y está bien así. El teatro no siempre tiene que dar respuestas. A veces alcanza con que haga las preguntas correctas. Esta obra las hace. Todas.
La podés ver los sábados a las 20:00 hs en El Portón de Sánchez, Sánchez de Bustamante 1034, Capital Federal, hasta el 30 de mayo de 2026.