Hay noches en las que uno sale del teatro con la cara cansada de tanto reírse. Mi amiga y yo es de esas funciones. La obra que Sebastián Presta escribió junto a Claudia Morales aterrizó en el Astros con su segunda temporada, y trajo bajo el brazo a Flor Torrente como nueva protagonista. Más de 100.000 espectadores ya pasaron por ahí. No es poca cosa.
El espectáculo mezcla stand up con comedia costumbrista, una apuesta que podría sonar rara en papel pero que funciona increíble arriba del escenario. Presta interpreta a Santiago, un comediante recién separado después de diez años de matrimonio. ¿A dónde va cuando todo explota? Al departamento de Valeria, su mejor amiga. Busca contención, claro… aunque lo que en realidad quiere es otra cosa. Lo que siente por ella late ahí, escondido, casi sin respirar. Valeria tiene sus propios dramas: Paula, su mejor amiga, y Miguel, ese tipo de Tinder que no termina de soltar. En medio de charlas sobre amor, pareja y amistad, llega una noticia que cambia todo. Y Santiago intuye que ahí está su oportunidad.

La obra nació de la pluma de Sebastián Presta y Claudia Morales. Presta ya había brillado en la escena porteña con sus trabajos anteriores, pero acá decidió ir por algo distinto. Tomó su experiencia como comediante de stand up y la metió adentro de una comedia con personajes, conflictos y una historia que respira.
El elenco lo completan Sabrina Lara y Rodrigo Raffetto, dos actores que saben exactamente cuándo entrar, cuándo quedarse quietos y cuándo estallar. La producción corrió por cuenta de Luis Penna, Marcelo Giglio y Diego Djeredjian. Ellos apostaron fuerte a que esta segunda temporada tenía para dar mucho más. Y parece que acertaron.
Reinhold es un artesano. Un tipo que sabe mezclar ingredientes raros y lograr que vuelen juntos sin que nada chirríe. En Mi amiga y yo, despliega su arsenal con elegancia: momentos originles que no se sienten forzados, como el baile del clásico "September" de Earth, Wind & Fire aparece justo cuando debe, la aparición ingeniosa del micrófono en el momento exacto, escenas imaginadas por Santiago que cobran vida —Valeria sale del baño en toallón, solo para él—, una canción original de Darío Jalfin que suena en vivo al final, con Presta en batería.
La obra podría verse como un show de stand up envuelto en una historia. O al revés: una comedia costumbrista atravesada por monólogos. No importa tanto el orden. Lo que importa es que Reinhold logra que todo encaje. Que el cuento —bastante previsible, hay que decirlo— fluya sin tropiezos. Que los monólogos de Santiago conecten con lo que pasa en escena, con lo que le pasa a él por dentro. Ahí está el truco: la dualidad entre lo que se dice y lo que se hace, entre la máscara pública y el deseo escondido. Un dilema que conocemos todos.
La temática de la obra toca fibras sensibles sin ponerse solemne. Habla de vínculos afectivos contemporáneos, de esas amistades que son familia, de amores que uno no se anima a pronunciar. Y lo hace sin sermones. Con humor desbordante y situaciones cotidianas que cualquiera reconoce: la separación, el refugio en el amigo, las charlas de madrugada, el tipo de la app que no se va nunca.

Sebastián Presta pone todo su cuerpo en escena. Como actor y como comediante, maneja los tiempos con precisión quirúrgica. Las risas no paran. Flor Torrente está genial: simpática, carismática, con una presencia escénica que no se aprende en ningún manual. Su voz llena el teatro y su actuación respira naturalidad. No fuerza nada.
Sabrina Lara es un huracán. Cada vez que pisa el escenario, la sala estalla. Sabe exactamente cuándo frenar y cuándo acelerar. Rodrigo Raffetto la complementa con apariciones sensuales que agregan otra capa al asunto. Entre los cuatro arman un equipo sólido, sin fisuras. Cada uno brilla en su momento, pero todos saben cuándo ceder el protagonismo.
Uno sale del Astros con una sonrisa y también con algo más. Mi amiga y yo no pretende cambiar el mundo ni descubrir la pólvora. Pero logra algo difícil: entretiene sin subestimar. Hace reír sin pedir permiso. Y deja algunas preguntas flotando en el aire. ¿Cuántas veces guardamos lo que sentimos por miedo a perder lo que tenemos? ¿Cuántas amistades esconden amores que nunca se animan a salir a la luz?
El teatro, cuando funciona bien, nos devuelve la vida con un espejo distorsionado. Nos reímos porque nos reconocemos. Porque esos personajes ridículos, esos dramas cotidianos, esas mentiras piadosas que nos decimos… todo eso también es nuestro. Presta y Reinhold lo saben. Y en esta comedia delirante, construyen un espacio donde el humor y la emoción conviven sin matarse entre ellas.
Las funciones siguen los viernes y sábados a las 21 en el Teatro Astros, Corrientes 746. Las entradas están en boletería y en entradauno.com. Si necesitás reírte un rato largo, esta es buena opción.