Hay shows que uno sabe, antes de que empiecen, que van a quedar grabados en la memoria. El de Mon Laferte el 21 de mayo en el Movistar Arena tiene esa pinta. Y no lo digo por decir.
La cantautora chilena —nacionalizada mexicana, ciudadana del mundo— agotó todas las entradas para su regreso a Buenos Aires. Sin escándalos, sin algoritmos virales de por medio. Solo la fuerza de una artista que cada vez que pisa suelo argentino deja al público con la mandíbula en el piso. El vínculo entre ella y este país es de esos que no se explican del todo. Se sienten.
Esta vez vuelve con Femme Fatale bajo el brazo. Su noveno disco de estudio, editado en noviembre de 2025, es una bestia elegante: 14 canciones que mezclan pop alternativo y jazz de salón en algo que suena a cabaret moderno, a noche oscura, a confesión íntima. No es un disco para poner de fondo mientras lavás los platos. Es para escuchar con la luz apagada y los ojos cerrados.

Rolling Stone lo ubicó en el puesto 31 de los mejores álbumes de 2025. La crítica especializada habló de "una carta de amor a la autenticidad femenina". Palabras grandes. Pero cuando uno escucha el disco, entiende por qué.
El concepto de femme fatale que construye Mon Laferte no tiene nada que ver con el cliché de Hollywood. Nada de eso. Acá la femme fatale es vulnerable y feroz al mismo tiempo. Es la mujer que llora y que también elige. Que se pierde y que se reencuentra. Las letras hablan de culpa, de pérdida, de reconciliación personal —esas cosas que todos vivimos pero que pocos se animan a cantar con tanta honestidad.
Musicalmente, el disco brilla. Las cuerdas y los vientos crean una atmósfera densa, casi cinematográfica. Hay momentos que recuerdan a un bar de jazz en Nueva Orleans y otros que tienen la urgencia del mejor pop alternativo latinoamericano. Una combinación rara. Pero en sus manos, funciona.
El tracklist tiene colaboraciones que merecen mención aparte. Esto es Amor, junto a Conociendo Rusia, es soul clásico en estado puro. La Tirana, con Nathy Peluso, es una bomba: salsa y bolero mezclados de una forma que no sabías que necesitabas escuchar hasta que la escuchás. Y después está My One And Only Love, junto a Natalia Lafourcade y Silvana Estrada. Tres voces mexicanas —bueno, dos mexicanas y una chilena que vivió tantos años en México que casi cuenta— en una pieza melancólica que te deja sin palabras.

Pues bien, todo eso llega al escenario del Movistar Arena. Y eso es la gran promesa de la noche.
Porque este no es un disco pensado solo para auriculares. Las texturas ricas, los arreglos orquestales, esa mezcla de lo clásico y lo experimental... todo eso pide ser vivido en vivo, con el volumen a tope y rodeado de gente que siente lo mismo que vos. La puesta en escena es nueva, renovada para esta gira. Y el repertorio va a incluir un repaso por toda su discografía, más los temas del nuevo álbum.
Mon Laferte en vivo es otra cosa. Es una artista que puede pasar del rock al bolero sin que nada suene forzado. Que llora en el escenario y al minuto siguiente te hace bailar. Que tiene esa rara capacidad de hacer que diez mil personas se sientan solas con ella.
El 21 de mayo, el Movistar Arena va a ser un lugar distinto por unas horas. Para los que tienen entrada, ya saben lo que les espera. Para los que no consiguieron... hay que rezar por una fecha extra. Porque shows así no aparecen todos los días.