22 Jun
22Jun

Hay obras que uno va a ver sin saber bien qué esperar. Entra al teatro, se sienta, y de golpe algo lo agarra. "No me dejes en Belén" es una de esas. 

La pieza nació de la pluma y la mirada de Agustín Meneses, dramaturgo y director que encontró en la Navidad un escenario ideal para hablar de lo que las fiestas suelen esconder: el dolor, los secretos de familia, las identidades que no caben en el molde. La obra se presenta los sábados a las 17 hs en Espacio Callejón, sobre la calle Humahuaca 3759, en la Ciudad de Buenos Aires. 

La historia arranca con la muerte inminente de Raquel. Su hija Milagros, una mujer trans antes llamada Omar, regresa al pueblo para acompañarla en los últimos días. Volver implica enfrentar una historia llena de indiferencia y heridas mal cerradas. Mientras tanto, el pueblo prepara el pesebre viviente. Y Elvira, la sobrina adolescente, sueña con ponerse el manto de la Virgen María. 

Pues bien. De eso trata la obra en su superficie. Pero lo que ocurre por debajo es otra cosa. 

Meneses elige un camino que muchos directores evitan: no juzga a nadie. Cada personaje carga sus contradicciones con dignidad. Las tías de Raquel, que orbitan el duelo con distancia, no son villanas. Son personas que no saben cómo estar. Esa decisión de dirección lo cambia todo. El espectador no se sienta a condenar. Se sienta a reconocerse. 

El ritmo alterna momentos de tensión con destellos de humor, y eso genera algo infrecuente: que uno pueda reírse sin sentir culpa. La puesta incorpora sonidos, recursos visuales y pequeñas imágenes poéticas, como el relato de una gata pariendo o burbujas que irrumpen en escena como instantes de belleza efímera. No decoran. Respiran. 



El elenco es de primera. Dana Basso, Federico Buso y Cecile Caillon sostienen la trama con solidez y verdad. Pero el corazón de la obra late entre dos actrices. 

Eug Krla interpreta a Milagros con una presencia que no pide permiso. Trae a escena la complejidad del regreso, el peso de una identidad construida lejos de casa, y también la ternura de alguien que aprendió a sobrevivir. No actúa desde el sufrimiento. Actúa desde la dignidad. Eso se nota, y llega. 

Julieta Raponi, por su parte, construye a Elvira desde un lugar poco explorado en el teatro argentino: la adolescente que no encaja, pero que tampoco pide disculpas por eso. Su trabajo es preciso y honesto. Hay momentos en que basta con verla estar en escena para entender todo lo que el texto no dice. 

La relación entre Milagros y Elvira es el verdadero núcleo de la obra. Dos personas que el mundo prefiere no ver. Dos personas que se encuentran y construyen algo parecido a un refugio. Precario, sí. Pero genuino. Hay una frase que Milagros le dice a Elvira: "El mundo no es de los comunes, es de los valientes." La frase flota en el aire mucho después de terminada la función. 

El deseo de Elvira de ser la Virgen María en el pesebre del pueblo no es solo un gesto religioso. Es el deseo de ser vista. De ocupar un lugar. De que alguien diga: acá estás, acá pertenecés. Eso lo entienden quienes alguna vez sintieron que sobraban en algún lado. 

"No me dejes en Belén" habla de familias, de identidad, de amor y de fuga. Pero sobre todo habla de valentía. De la valentía cotidiana de existir cuando todo alrededor señala que uno está fuera de lugar. Una obra así no se concluye. Se lleva a casa.         



Dramaturgia y Dirección: Agustín Meneses

Elenco: Dana Basso, Federico Buso, Cecile Caillon, Eug Krla, Julieta Raponi 

Participación especial en videos: Florencia Raggi y Matias Broglia 

Diseño y realización de Escenografía: Agustín Justo Yoshimoto 

Diseño de Vestuario: Julieta Capece 

Diseño de Iluminación: Federico Montes Cisneros Fotografía: Nacho Lunadei 

Redes: Juani Romero 


Prensa: Adriana Schottlender 

Producción Ejecutiva: Carola Parra 

Asistencia de Escena: Sebastián Cargnelutti 

Asistencia de Dirección: Vivi Huerin



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