02 Apr
02Apr

Regla de tres simple llegó al Teatro Premier con una promesa clara: risas, encuentros incómodos y mucha química. La obra atrapa desde el primer instante. No es un drama profundo ni pretende serlo; se presenta como una comedia directa, con ritmo rápido y escenas que se encadenan sin fisuras. 

El público se ríe, se reconoce, a veces se siente un poquito expuesto... y ahí está lo bueno. Funciona como escapada para cortar la semana, entrás con ganas de desconectar y salís con la sensación de haber visto algo sincero y entretenido. Risas colectivas, miradas cómplices, alguna carcajada que se pega como ola, fluyen en la sala de teatro. Plan perfecto para cortar la rutina. 

La autoría y la dirección corren por cuenta de Hernán Krasutzky. La propuesta surgió de esa observación cotidiana que todos tenemos: las reglas no escritas de la conquista moderna. La idea base resulta sencilla y efectiva: dos personas se conocen en la fila del baño de una fiesta y acuerdan normas opuestas para las primeras tres citas. De ahí nace todo. 

El equipo detrás respalda bien la apuesta: hay asistencia de dirección, producción ejecutiva y un diseño escénico pensado para resolver cambios de lugar sin perder impulso. No es un montaje de lujo, pero sí de ingenio: una pantalla de fondo ayuda a marcar espacios y tiempos con economía y claridad. Me recordó a esas producciones que no precisan de barroquismo para funcionar; la creatividad suplanta cualquier exceso. 

Krasutzky imprime un pulso ágil y sostenido. No deja que la escena se estanque. Mantiene la comicidad en primer plano y permite que, detrás del chiste, asome una lectura sobre miedo, deseo y reglas autoinfligidas. La temática es actual: vivimos en tiempos de ghosting, encuentros fugaces y manuales improvisados para no sufrir. 



La obra explora esa realidad sin moralinas; plantea preguntas con humor. Juampi González, en su primer obra de texto junto a Nancy Gay asumen los roles principales: él, Isidro, correcto y cauto; ella, Roma, impulsiva y con un plan para evitar el compromiso. La dupla funciona porque cada uno se mete en su personaje con honestidad y riesgo. Hay escenas en que la risa roza lo incómodo —de ese tipo de risa que te hace decir “¡no puede ser!” mientras te partís—; esa fricción le suma textura al espectáculo. 

Ambos actores se mueven con soltura entre la ligereza y la emoción contenida. No se trata solo de apuntar a la carcajada fácil: hay microsegundos donde afloran dudas, contradicciones y ternura. Se nota versatilidad; cambian registros, reinventan situaciones y sostienen la complicidad con la platea. Esa química se siente: no es puesta en escena calculada, parece una conversación en la que uno y otro se empujan, se responden y se sorprenden. Si alguna vez saliste de una cita y pensaste “¿y ahora qué?”, reconocerás esos instantes en la obra. 

La puesta técnica acompaña sin robar protagonismo. El vestuario y la escenografía cuidan lo esencial; la iluminación marca climas y acompasa los momentos cómicos. La producción se nota trabajada: pequeño equipo, grandes decisiones. No sobra nada; todo colabora para que la pieza corra como relojito. Un detalle para quienes disfrutan de la sala: la obra respira, respira en el sentido correcto —respiraciones en escena que permiten al público seguir el pulso emocional sin agotarse. 

Regla de tres simple funciona porque habla de nosotros sin solemnidad. No da lecciones, pero abre una ventana para pensar cómo nos relacionamos. En tiempos donde pautamos el afecto como si fuera una receta de cocina, la obra recuerda que las emociones se resisten a los manuales. ¿Sirven las reglas? A veces, quizás; otras, se convierten en trampa. Ver a Isidro y Roma negociar su modo de vincularse es mirarse al espejo con humor. Salí del teatro con esa mezcla rara de sonrisa y pregunta: ¿cuántas reglas traemos encima sin preguntarnos por qué? 



Las funciones en el Teatro Premier (Av. Corrientes 1565, CABA) son miércoles de abril a las 20.30. Las entradas se pueden conseguir en la boletería del teatro o a través de PlateaNet


Bajo el sello de Circus Entertainment Group y la producción de Alberto Raimundo, la obra cuenta con un equipo creativo integrado por: 

Dirección de producción: Gustavo Enrietti. 

Asistencia de dirección: Miguel Catalán. 

Producción ejecutiva: Gastón Dufau. 

Diseño visual: Vanessa Abramovich (vestuario/escenografía) y Claudio del Bianco (luces). 

Asistencia de vestuario: Catalina Quetto Garay.



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