Hay obras que llegan para sacudir. Para mover el piso. Saraos Uranistas es una de esas. Después de dos temporadas con todo vendido, vuelve a El Galpón de Guevara - y créanme que vale cada minuto, cada peso de la entrada.
La propuesta de Juanse Rausch es ambiciosa: imaginar un encuentro que nunca pasó pero que debería haber pasado. Buenos Aires, principios del 1900. La ciudad se ordena, se higieniza, se "civiliza". Y en ese proceso, hay cuerpos que sobran. Cuerpos que molestan. Las maricas, las travestis de la época - esas que se juntaban en fiestas clandestinas que la policía llamaba, con todo el desprecio del mundo, "saraos uranistas".

¿Qué hubiera pasado si La Bella Otero y sus amigas se cruzaban con Francisco De Veyga, médico de la policía federal? Ese "qué hubiera pasado si..." es el punto de partida. Y lo que Rausch construye a partir de ahí es pura potencia.
La obra juega con los géneros teatrales como si fueran cartas. Acá hay variedades, tango, cabaret, zarzuela, lamento barroco. Todo mezclado, todo en diálogo. No es capricho estético - es estrategia. Porque así funcionaba el control social de la época: clasificar, etiquetar, meter en cajitas a quienes se salían de la norma. Y la obra responde con el exceso, con la mezcla, con el desborde.
El elenco es notable. Los cinco actores - Lucía Adúriz Bravo, Manuel di Francesco, Emiliano Figueredo, Payuca (que reemplaza a Maiamar Abrodos en esta temporada) y Tomás Wicz - construyen personajes que duelen y celebran al mismo tiempo. Lucía Adúriz merece párrafo aparte: su presencia en escena hipnotiza. No es actuación, es posesión. Es verdad escénica pura.

Gabriel Illanes al piano completa el universo. Su música no acompaña - dialoga, cuestiona, subraya. Es un personaje más en esta historia de márgenes y resistencias.
Hablemos del vestuario, porque Uriel Cistaro hizo un laburo que asombra. Pelucas, encajes, plumas, maquillaje. Cada detalle cuenta una historia. Cada elemento funciona como documento histórico y como grito político. Es belleza y es denuncia - al mismo tiempo, sin contradicción.
La dirección de Rausch tiene algo de quirúrgico. Cada decisión está pensada, cada movimiento tiene razón de ser. Pero nada se siente forzado. El humor convive con el dolor, la reflexión con el goce. La obra transita entre registros sin perder coherencia - y eso no es fácil.
¿De qué habla todo esto, en el fondo?
De cuerpos que se niegan a desaparecer. De memorias que el poder intentó borrar. Los archivos de psiquiatría, las notas de policiales de la época - todo hablaba de "lo depravado", "lo torcido", "lo desviado". Rausch toma esos mismos documentos y los da vuelta como una media. Les encuentra la poesía, la dignidad, la belleza que siempre estuvo ahí.
Saraos Uranistas no representa el pasado - lo reimagina. Lo cuestiona. Lo expande. Y en ese gesto hay algo profundo: la certeza de que los relatos oficiales nunca cuentan toda la historia. Que en los márgenes, en los encuentros nocturnos, en las fiestas prohibidas, también se construía libertad. También se hacía revolución.
La obra ganó varios premios (Dramaturgia en los María Guerrero, Actuación Revelación, Fotografía, Vestuario en los Martín Fierro) y tuvo un montón de nominaciones más. Pero los premios no son lo importante acá. Lo importante es lo que pasa en esa sala. Lo que se mueve en el cuerpo del espectador.
Porque Saraos Uranistas logra algo raro y necesario: convierte el dolor histórico en celebración sin negar ese dolor. Transforma la marginación en poética sin romantizarla. Es una obra que te deja pensando - pero también te deja con ganas de bailar, de gritar, de abrazar a alguien.
En un momento donde las identidades disidentes siguen siendo territorio de disputa, donde los cuerpos trans y maricas siguen incomodando a ciertos sectores, esta obra funciona como recordatorio: la libertad se construye en los espacios íntimos. En los encuentros. En la decisión cotidiana de existir como una quiere, pese a todo.
La temporada 2026 arranca el 18 de febrero. Miércoles y viernes a las 21h en El Galpón de Guevara (Guevara 326). Las entradas ya están a la venta por Alternativa Teatral.

ENTRADAS EN VENTA POR ALTERNATIVA TEATRAL
Si algo aprendimos de estas dos temporadas anteriores, es que las localidades vuelan. Así que no demoren. Saraos Uranistas es de esas experiencias teatrales que marcan - de esas que se quedan vibrando días después de salir de la sala.
Vayan. Dense el gusto. El teatro argentino necesita obras así: valientes, bellas, urgentes. Y nosotros necesitamos recordar que la historia siempre es más compleja, más rica, más marica de lo que nos contaron.