Hay obras que entran suave, te van llevando de a poco y cuando te querés acordar ya estás adentro, sin salida. Venado Asesino es exactamente eso. Un espectáculo que arranca con un acto brutal —un joven no binarie asesina a un presidente de ultraderecha— y desde ahí no te suelta más. No es una obra cómoda. Tampoco pretende serlo. Se puede ver en Estudio Los Vidrios, bajo la producción de Paraíso Club, y créeme: vale la pena agendar la fecha.
La historia viene de lejos, literalmente. Veado Assassino es una novela del brasileño Santiago Nazarian, escrita quiza en homenaje a un tal cruel Bolsonaro. Ese contexto importa, pero no limita. Maruja Bustamante —directora y dramaturga porteña— tomó ese material y lo trajo acá, a nuestra realidad, a nuestro ruido cotidiano. Lo adaptó durante la presidencia de Milei. El paralelo no es casual. Sin embargo, la obra no trata sobre ellos dos, ojo. Trata sobre nosotros. Sobre la sociedad que los eligió. Sobre los discursos que absorbemos sin darnos cuenta y que moldean cómo vemos —y cómo no vemos— el mundo.
Adaptar, en manos de Maruja, es casi un acto filosófico. Es traducir un cuerpo a otro cuerpo, un contexto a otro. Es arrancar desde algo que ya existe y hacerlo plural, vivo, presente.
Y acá entra Paraíso Club, que tiene un modelo de trabajo bastante particular. No es una productora tradicional. Es una comunidad: los socios financian la creación de una obra por mes —teatro, danza, performance— y participan del proceso con talleres, debates, encuentros con los artistas. El público deja de ser espectador pasivo y se convierte en parte del hecho artístico. Eso cambia todo. Le da a la obra una energía distinta, más colaborativa, más honesta.

Ahora bien, hablemos de la puesta. Maruja construye algo filoso. Hay luz, hay video, hay una disposición espacial que te mantiene alerta todo el tiempo. Las imágenes documentales conviven con la animación y la estética del videojuego. Es como si el horror dejara de ser horror para volverse meme, noticia falsa, contenido digerible. Y eso —esa digestión— es exactamente lo que la obra denuncia.
Max Suen y Lisandro Rodríguez están en escena, y los dos componen algo muy difícil: personajes que hacen reverberar el eco de una sociedad que votó por el odio. No es fácil sostener eso sin caer en el panfleto o en el melodrama. Ellos lo logran. Vienen de lugares distintos, de registros distintos, y esa diferencia no los separa, los tensiona de una manera que funciona. Entre los dos crean algo que se parece bastante a un retrato de época.
La obra toca el bullying, el deseo, la identidad sexual, el desencanto, la soledad. Lo mezcla con humor negro, con referencias pop, con drama psicológico. No es una sola cosa. Es un fractal, como dicen en la prensa: hecho de tweets, memes, noticias falsas y pantallas que exacerban la distancia entre los cuerpos.
Al final, Venado Asesino no te da respuestas. Y eso es lo más honesto que puede hacer una obra hoy. Te pone frente a tus contradicciones, a tus lugares seguros de discurso, a las capas de violencia sobre las que se asienta cualquier patria. Te deja con la incomodidad encima. ¿Monstruoso? ¿Un anhelo? Esa tensión es el corazón de la obra. El teatro, cuando funciona de verdad, desnuda la época. Venado Asesino lo hace sin piedad — y con una lucidez que, hoy, hace falta.

VENADO ASESINO, adaptación y dirección MARUJA BUSTAMANTE.
Funciones 25 y 27 de febrero, 20h en Estudio Los Vidrios (Av. Donado 2348, CABA). Localidades disponibles en https://paraisoclub.
Actúan: Lisandro Rodriguez, Max Suen
Dirección y adaptación: Maruja Bustamante
Escenografía e iluminación: Matías Sendón
Diseño de Sonido: José Ocampo
Archivo, Video, Mapping: Victoria Irene
Creación de objetos crochet: Luciana Iovane
Operación de sonido: Federico Zampieri
Vj: Cecilia Madorno
Fotografía: Nora Lezano
Asistencia en movimiento: Nahuel Vec
Asistencia de producción: Gabriela Alvarez
Asistencia de dirección: Candela López Soto
Traducción: Mario Durrieu
Producción: Mario Durrieu, Walter Tiepelmann