20 Sep
20Sep

Marcelo Goobar, Pablo Kusnetzoff y Emanuel Zaldua vuelven al camarín para contar cómo la magia los marcó de por vida. Acto es una obra tierna, graciosa y honda que se ve los viernes en Timbre 4

Hay funciones que te dejan un truco en la memoria. Otras te dejan un nudo en la garganta. Acto, de los creadores de El centésimo mono, te deja las dos cosas. 

Pues bien, si llegás con ganas de una segunda parte de aquel éxito, prepará la sorpresa. Esta vez los magos miran menos el imposible y miran al ser humano que aprendió a construirlo. La magia acompaña. Refuerza la emoción, no la tapa. 

Todo ocurre en un camarín. Ese cuarto chico, colgado entre el escenario y la vida, es el único territorio posible para que los tres vuelvan al día exacto en que la magia los hirió para siempre. Una herida linda... de las que uno elige conservar. 

Durante 70 minutos, Goobar, Kusnetzoff y Zaldua ponen el cuerpo y la memoria. Es una biografía colectiva. Cada uno rescata lo que lo marcó en el oficio, y entre los tres arman complicidades y climas que cambian sin aviso. Nos reímos, nos emocionamos, salimos con algo adentro. 

Zaldua es el más histriónico. Recuerda su infancia, el olor de la cocina, los amigos, las clases de malambo. Mientras habla de su vínculo con la magia, zapatea sobre el baúl donde guarda sus elementos. Imaginate la escena: un hombre, un baúl, el taco contra la madera, y una vida entera en cada golpe. 

Goobar juega con el asombro. Afirma que un mago sin dedos no sirve, y hace desaparecer uno de su propia mano. ¡Así, de golpe! Con las sogas logra efectos notables: se cortan, se unen y parecen no tener principio ni final. 

Kusnetzoff reparte buena parte del humor y se divierte con los idiomas. Habla en inglés, italiano y francés. Canta el tango Nada en portugués. Cuenta de un tipo que mezclaba la Marcha Peronista con el himno de River Plate, mientras él mezcla cartas que aparecen, desaparecen y vuelven a aparecer. Otro personaje de su relato se entrenaba para volar. Con él, hasta las palabras entran en el juego. 



La trama recorre los años. Primero aparece el niño que se deslumbra con los grandes maestros y sueña con pararse frente al público. Después llega la resistencia de los padres, el prejuicio, la falta de reconocimiento, la paga escasa. Hace falta convicción para seguir. Los tres la tuvieron, y se nota. 

Detrás de todo está la mano de Flor Micha, autora y directora. Su texto le valió el 14° premio de la Asociación Argentina de Teatro Independiente, este 2026. El oficio técnico suma. 

Hay un momento que arranca carcajadas: los tres juegan a la pelota. En cámara lenta, con precisión de coreografía, relatan un partido imaginario. Cada pase esconde un truco. Lo cotidiano se vuelve una pequeña prueba de destreza e imaginación. 

El vestuario de Mariana Seropian juega con colores pasteles y vivos, y luce en el arranque, con combinaciones de gran acierto. La luz de Gonzalo Berdes acompaña sin ruido. El espacio de Mirella Hoijman es amplio y deja respirar a los tres. Mención aparte para la música original y el diseño sonoro de Juan Barone: crea cada clima con pulso justo. 



Acto habla de magia, pero habla de ilusión: las que tenemos, las que perdemos y las que hacen falta. Nos recuerda ese instante de la infancia en que una pasión nos toca el hombro y, sin darnos cuenta, se vuelve vocación. Aunque crezcamos, queda adentro aquel chico listo para asombrarse. 

Acto se presenta desde el 11 de septiembre, todos los viernes a las 20.30, en Timbre 4, México 3554, CABA.



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