Hay eventos que ocurren y hay eventos que resisten. Club Malvinas Underground Forum pertenece a la segunda categoría. Este jueves 4 de diciembre vuelve a la terraza del Matienzo (Av. Juan B. Justo 2959, CABA) con su cuarta edición, y lo hace con algo que cada vez cuesta más encontrar: espíritu genuino. Nada de sponsors ni marcas pegoteadas en cada esquina. Acá la entrada es gratis, sí, gratis —una palabra que en el circuito cultural porteño suena casi a ciencia ficción.
El nombre no es capricho. Malvinas es territorio, memoria, una herida que no cierra pero tampoco se olvida. Y en ese gesto —llamarse así— ya hay una declaración: esto no es un evento más, es un espacio que se planta en la vereda de la autonomía cultural. Un foro que se arma desde abajo, con artistas, productores y público que comparten algo más que una noche: comparten una idea de cómo debería funcionar la cultura cuando no responde a las reglas del mercado.

Un inglés, una bandera y una comunidad que crece
Detrás de todo esto está Jaz Coleman, fundador de Killing Joke y cofundador del club junto a Lu (Firekat). Coleman, que hace un tiempo eligió Argentina como base, no llegó acá a turistear ni a dar un par de shows y rajarse. Se quedó. Y desde ese lugar armó algo raro y necesario: una red de intercambio real, donde los artistas no solo tocan o exponen, sino que se encuentran, conversan, hacen trueques, comparten proyectos. Un panel de anuncios con papelitos y pines en cada evento —sí, así de analógico— funciona como motor de colaboración. Acá no hay algoritmos que te digan qué te tiene que gustar.
La cuarta edición llega con una propuesta que sintetiza bien el espíritu del club: documental, música, arte en vivo y hasta una charla sobre cultivo de hongos. Todo convive sin forzar, porque la idea no es curar un line-up marketinero, sino abrir un espacio donde distintas formas de crear respiren juntas. El plato fuerte será la proyección de "The Death and Resurrection Show", el documental de Shaun Pettigrew sobre Killing Joke, seguido de una charla con Coleman moderada por Alejandro Taranto, de Tommy Gun Records. Ahí se va a hablar de música, claro, pero también de filosofía, de resistencia, de qué significa sostener una visión artística sin venderse por el camino.
La noche: vinilos, murales y hongos
Después de la proyección, Cobra Rod va a poner vinilos —solo vinilos, nada de Spotify ni playlists armadas por bots. Liza va a dar una charla abierta sobre cultivo de hongos, con demostración incluida, porque acá se cruzan arte, naturaleza y conocimiento sin prejuicios ni compartimentos estancos. Y Suyay Brillaud va a pintar en vivo, y encima va a sortear su obra entre los presentes. No es performance vacía: es arte que circula, que se regala, que vuelve al público sin pasar por galería ni comisión de por medio.
Todo eso pasa en la terraza del Matienzo, un lugar que ya es emblema de lo independiente en Buenos Aires. Y pasa un jueves a las ocho de la noche, con entrada gratuita pero con reserva previa (máximo dos tickets por persona, para que haya lugar para todos). La logística es simple, casi transparente. No hay trampa. Solo hay ganas de que la gente vaya, participe, se lleve algo más que una foto para Instagram.

¿Por qué importa?
Porque en un contexto donde todo se mercantiliza —hasta la rebeldía, hasta el underground— Club Malvinas insiste con un modelo distinto. No es nostalgia ni pose: es práctica concreta. Cada edición funciona como recordatorio de que la cultura puede armarse desde otro lugar, con otras lógicas. Que no hace falta plata de un banco ni el aval de una productora grande para hacer algo valioso. Que la colaboración todavía existe, que el trueque todavía funciona, que el arte puede ser un territorio común y no solo una vidriera para vender entradas caras.
El nombre Malvinas carga con todo eso: identidad, soberanía, resistencia. Y el foro lo encarna sin solemnidad, sin discursos pomposos. Lo encarna con hechos: una proyección, unos vinilos, un mural sorteado, una charla sobre hongos. Cosas simples que, juntas, tejen una red. Una red que crece edición tras edición, que conecta artistas visuales con músicos, productores con público, y que apuesta a que la cultura independiente no sea solo un nicho romántico, sino una alternativa real.
Club Malvinas Underground Forum no es perfecto, no es masivo, no sale en todos los medios. Pero tiene algo que escasea: coherencia. Y en estos tiempos, eso ya es bastante. Más que bastante.