25 Oct
25Oct

Hay obras que piden permiso para entrar. Delfina no. Abre la puerta de una patada y te sienta en un hospital, donde Ana espera algo. Qué cosa, todavía no lo sabe. 

Llega una carta. Promete un reencuentro con su padre en los Alpes Suizos. Para cumplirlo, Ana cruza la selva amazónica. Allí viven criaturas raras, familias que se desarman, animales con rasgos humanos y humanos con rasgos animales. Se hablan varias lenguas, pero todos extrañan una que olvidaron. 

Pues bien: la autora, Pilar Fridman, resume la obra con una sola palabra, delirio. Ese delirio empuja cada escena. Cuesta ponerle un género. Tiene el aire de los relatos de aventuras de antes, tiene fantasía, tiene un humor muy personal que se contagia. Y tiene un fondo duro: destrucción, abandono, reclamos, pérdida. 

Los diálogos viajan del sueño a la realidad sin tropiezos. Evitan lo infantil y evitan el cliché. Hay tormentas que doblegan, sí. Quien las sobrevive sale distinto, con otro nombre, en otro mundo, con el yo fortalecido. Y en plena oscuridad aparecen destellos pequeños que marcan un camino de luz. 


Pilar Fridman escribe, dirige y actúa una aventura onírica en Espacio Callejón. Una carta, una selva y una mujer que busca su nombre.


Pilar Fridman y Guido Turtula conducen la travesía a dos manos. Eligen un ritmo vivo. Pasa de todo, las escenas se encadenan, los giros sorprenden, y los 75 minutos se esfuman. 

La obra te atrapa de a poco, en secreto. Un rato después de empezar, ya estás adentro, con los pies en el barro de la selva. El espectador cambia junto con la protagonista. Esa es la gran jugada de la puesta: nadie mira la transformación desde afuera. 

Detrás trabaja un equipo afinado. Valeria Santa asiste la dirección. Guido Turtula también ocupa la producción ejecutiva, y comparte la producción con Pilar Fridman, que además dirige el proyecto completo. Se nota el cuidado en cada detalle. 

Nueve intérpretes sostienen el viaje: Marina Artigas, Lola Banfi, Pilar Fridman, Marcos Medrano, Debora Nishimoto, Malena Resino, Antonella Saldicco, Miguel Sorrentino y Max Suen. El elenco es parejo y generoso. Cada integrante da vida a criaturas con identidad propia, con gestos, voces y manías que se graban en la memoria. 

Los tonos corporales merecen un aplauso aparte. La coreografía es impecable: el cuerpo cuenta lo que la palabra calla. Cuando un animal se mueve con aire humano, lo creés. Cuando un humano se arrastra con aire animal, también. 

El humor circula entre los actores como una pelota que nadie deja caer. Hacen reír, y la risa abre la puerta para que después duela un poco. Eso exige oficio. Lo tienen. 

La escenografía de Martina Nosetto construye un territorio mágico con pocos elementos. El vestuario, firmado por Juan Hernández Daels (Sadaels) y Lara Schottland, viste a cada criatura con color y carácter. La música y el diseño de sonido de Facundo Suasnabar acompañan cada momento y marcan la acción en escena. La iluminación de JES TORTUL hace lo suyo en la noche de la obra: la oscuridad se vuelve un personaje, y cada destello de luz pesa el doble. 



Delfina se presenta los sábados de octubre y noviembre, a las 20 h, en Espacio Callejón, Humahuaca 3759, CABA. Las localidades cuestan $28.000 y $25.000 para estudiantes. Se consiguen en Alternativa o en la boletería del teatro. La función dura 75 minutos.


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