15 Oct
15Oct

Hay noches de teatro que te devuelven el aire. Esta es una de ellas. Entre bosques se presenta los sábados de octubre, a las 21.30 hs, en Antón Chéjov, Avenida de Mayo 1158. Dura 70 minutos. Es una libre adaptación de Tío Vania, el clásico de Antón Chéjov. Toma el texto original y lo usa para mirar los discursos amorosos de sus personajes: cómo se hablan, se esperan, se hieren y se consuelan cuando la vida pesa. 

Nada de museo ni de naftalina. Es teatro vivo, con gente de carne y hueso que duda, ama y se equivoca. Una puesta conmovedora y honesta, donde nada se esconde y se vive como espiando a esas relaciones familiares donde reina la verdad sin filtros.

 

Entre bosques lleva el Tío Vania de Antón Chéjov al escenario de Tercer Acto. La adaptación de Daniel Di Cocco busca esperanza y afecto en tiempos oscuros.


Empecemos por la dirección. Daniel Di Cocco firma la adaptación y la puesta. Esa doble tarea se nota: texto y escena respiran al mismo ritmo. Su Chéjov llega a nuestros días sin solemnidad ni disfraz. Imaginá una charla de sobremesa donde alguien dice la verdad que todos callaban. Ese es el clima. La propuesta provoca, incomoda y mantiene al espectador atento de principio a fin. 

Vamos a la historia. Chéjov dejó escrita una esperanza: que quienes vivan dentro de cien o doscientos años hallen el modo de ser felices. Pasaron 130 años y ese deseo se ve lejano. El equipo retrocedió ese tiempo para buscar en el texto los discursos de amor que sostienen a los personajes frente a la tristeza total. 



El resultado es una lucecita a lo lejos. Imaginá una noche cerrada, un bosque, ramas que te golpean la cara. El cansancio pesa, pero la luz te guía y todo lo demás importa poco. 

Esa luz alumbra a una familia. Hay alcoholismo, hay soledad, hay ausencias que rompen la casa sin que nadie las frene. Un espectador se quedó pensando en las heridas sin resolver que pasan de abuela a hija y de hija a nieta. Otro destaca el cuidado de la naturaleza, el trabajo de sostener un patrimonio y las distintas formas del afecto. 

Las actuaciones sostienen todo. Cecilia Blanco, Gustavo Alejandro Brenta, Romina de Haart, Ayelén Mangas, Andres Rojas y Oscar Trussi forman un elenco sólido, comprometido y sin fisuras. Cuando una escena se apaga en un silencio, el elenco lo sostiene. Ese pulso no se ensaya: se arma entre todos. 

En lo técnico, la ambientación lleva la firma de Oscar Trussi, que además actúa. Ese doble rol une el espacio con los cuerpos que lo habitan. El bosque del título vive en el clima que arma la escena. Los 70 minutos corren sin relleno y dejan lugar para pensar al salir.

 


Y al salir, la calle. Una Buenos Aires donde llegar a fin de mes exige cuentas, paciencia y, a veces, dos trabajos. Donde elegir una salida de sábado es una decisión que se piensa dos veces. En ese contexto, una sala independiente que abre sus puertas es un acto de fe. 

Chéjov imaginó que otros hallarían la felicidad. Nosotros seguimos en el bosque, con el bolsillo flaco y la esperanza entera. Esta obra recuerda que la lucecita existe, y que a veces cuesta lo que una entrada.



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