Hay obras que llegan con bombos y platillos. Esta llegó en silencio...
"Francisco, el musical del fin del mundo" sube a escena en la Sala Caras y Caretas, en Sarmiento 2037, Ciudad de Buenos Aires. Funciona desde el 3 de octubre a las 21 y sigue hasta fines de mes.
El grupo viene de Merlo. Pasó una sola noche por el Picadero en marzo y esta vez encontró casa por unas semanas. Armó todo en menos de un año, fuera del circuito comercial. Se nota el cariño en cada escena.
La propuesta tiene una ambición clara: acercarte al hombre que fue Francisco. Pone en escena su historia con identidad porteña y latinoamericana. Sentís que la obra nació en Argentina y habla tu idioma. Sea cual sea tu creencia, el espectáculo propone una charla honesta sobre el valor de ponerse al servicio de los demás.

Pues bien, vamos por partes. Arranquemos por la dirección. Luján Zalazar firma la dirección artística general, la puesta y la conducción integral. Reparte el peso entre la música y la escena con pulso firme. Ninguna de las dos tapa a la otra.
Juan Damián Benítez cuida la coreografía y acompaña sin robar protagonismo. ¡Eso se agradece! La idea original es de Nicolás Crespo, que compone la música y dirige a la orquesta de quince músicos. El libro y las letras llevan la firma de Leo Schmit. Ambos construyen un relato cercano, sin solemnidad.
La historia arranca en Flores, el barrio donde Jorge Bergoglio pasó la infancia. Sigue con la familia, la vocación, las dudas y las decisiones. Llega al día en que se convierte en papa, y el relato sigue. Recorre los años de su vida pública y las zonas incómodas de la historia argentina. Nada queda bajo la alfombra. La obra no cuenta al Papa de los afiches. Cuenta a un hombre atravesado por su tiempo, con sus contradicciones. Tres preguntas ordenan la trama. ¿Qué hacemos frente al sufrimiento del otro? ¿Qué lugar ocupan los descartados? ¿Cambia el mundo una persona que elige servir?
Alito Gallo Gosende encarna a Francisco. Su interpretación sensible transmite humildad y cercanía, y sostiene momentos de gran emoción con el canto y con la actuación.
Lo acompañan Flor Barisone, Chiara Rodó, Marian Lorena Vázquez, Xixi Padilla, Joa de León, Lucas Rach, Miqueas Peralta, Maxi Areitio y Milena Cinosi. Voces jóvenes, trabajo coral, entrega total. No cantan por cumplir. Cuentan una historia en la que creen.
El formato es de concierto teatral. Quince músicos tocan en vivo y los cantantes relatan distintos momentos de la vida de Jorge Bergoglio.
La partitura original mezcla teatro y sonido sinfónico contemporáneo. Suenan tango, milonga, cumbia, música popular y un color cercano al canto religioso. Cada estilo ubica la historia en su tiempo y en su calle. El resultado funciona. Las canciones centrales llegan en una versión pensada para el formato de concierto, con quince instrumentistas a la vista y una dirección musical que marca el paso. La voz de cada cantante encuentra su lugar. Los cambios de estilo, del tango a la cumbia, se suceden sin tropiezos.

Salí del teatro con una idea en la cabeza. En la calle, el país hace cuentas. El sueldo se estira, el alquiler aprieta y la heladera pesa en cada decisión. Hay familias que eligen entre el colectivo y el almuerzo. El teatro independiente pelea su función de cada noche. En ese clima, una producción que nace en Merlo y llena de música una sala porteña merece tu atención. Costó trabajo armarla.
Los descartados de los que habla la obra tienen nombre y domicilio. Viven a pocas cuadras de la sala. Algunos viven en tu cuadra. Francisco los puso en el centro de su mensaje. ¿Los ponemos nosotros en el nuestro? Esa pregunta te acompaña hasta la parada del colectivo, y no se baja con vos.