19 Sep
19Sep

La compañía Síndrome de Eureka convierte una zapatería de barrio de 1972 en el escenario de una comedia con música, sátira y emoción. 

Imaginá una zapatería de barrio. Cajas apiladas hasta el techo, un mostrador gastado, olor a cuero y a pegamento. Nada fuera de lo común, ¿verdad? Pues bien, corre el año 1972 y la revolución acaba de cruzar la puerta. 

Ese es el punto de partida de La Zapatería (Crónica de mujeres calzadas), la comedia con la que Síndrome de Eureka estrena temporada. Se ve los sábados a las 20 h en el Centro Cultural de la Cooperación, sobre Av. Corrientes 1543. Dura 70 minutos y se van en un suspiro. 

Afuera el mundo hierve: consignas, discusiones de sobremesa, ideas que pasan de mano en mano como volantes. Adentro se venden botas y mocasines. Entra una idea, sale un chiste. Entra un deseo, sale un problema. 

El elenco llega con la vara alta. Damas Bravas tuvo cinco años de funciones y dejó a la compañía con la vara en lo alto. Las cinco actrices tomaron entonces una decisión audaz: cada una eligió el personaje más opuesto al que hacía en aquella obra. Ellas lo cuentan sin vueltas. Como compañía estable e independiente, cada estreno es un examen, y la meta es superarse. 



El texto y la dirección son de Alfredo Allende. En escena están Flor Orce, Florencia Pineda, Julia Nardozza, Florencia Patiño y Mirna Cabrera. Las cinco se lucen. 

La receta mezcla realismo, vodevil y teatro musical. El resultado ofrece una mirada femenina sobre una época que otros contaron con otras voces. Allende lo resume con una imagen que se entiende al instante: modelos de zapatos, ideas y doctrinas, personalidades y anhelos, todo junto en un local quieto y olvidado que se vuelve bomba de tiempo. 

Debajo del chiste hay una pregunta. ¿Qué pasa cuando las grandes utopías entran en la vida de todos los días? ¿Y cuando el deseo de cambiar el mundo choca con el de decidir el propio destino? La obra recupera un momento histórico del país y lo mira desde el presente. No da sermones. Deja que la escena hable. 

El público respondió con entusiasmo. Alguien la llamó fábrica de gags, y no exagera. Otros destacan los tics y las caracterizaciones de las cinco actrices, todo cuidado con precisión de relojería. Hubo quien salió con recuerdos fuertes de los años 70: caracteres, actitudes, fantasías. Y detrás del clima de fiesta asoma una sátira que da para pensar un buen rato. 

Hay que decirlo: la puesta cuida cada detalle. Clara Hecker y Gerardo Porión diseñaron y realizaron la escenografía y el vestuario. Rosi Bonetto se ocupó de las pelucas, Romina Tischelman del maquillaje y Facundo Cohen de las luces. Gabi Goldberg firma la puesta coreográfica. Los zapatos, claro, tienen su propio protagonismo. La selección musical y los bailes merecen párrafo aparte, y quienes la vieron coinciden. 

Es una obra que emociona, hace reír y deja ganas de seguir yendo al teatro. Habla del paso del tiempo, de la locura y la cordura, del éxito y el fracaso. El elenco te atrapa con su presencia escénica y su sensibilidad, y cada momento se siente genuino. Uno sale con una sonrisa y con una duda linda, de esas que acompañan hasta la parada del colectivo. 



Los datos para anotar 

Funciones: sábados de septiembre y octubre, a las 20 h.
Lugar: Centro Cultural de la Cooperación, Av. Corrientes 1543, CABA.
Entradas: $20.000, disponibles en Alternativa.
Duración: 70 minutos. 

Anotá la fecha, ponete los mejores zapatos y andá.



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