En Lo Posible, el teatro funciona como un lugar donde se puede volver sobre una tragedia y probar otros finales. La obra nace de una experiencia personal de Sol Cintas y plantea una pregunta simple: qué pasa cuando alguien imagina las escenas de una vida que no llegó a suceder. En escena, Sofía impulsa ese juego junto a un elenco que conoce las reglas del teatro y no tiene miedo de mostrarlas. La ficción no borra los hechos. Les da una forma nueva, con lugar para el dolor, el afecto y la risa.
La propuesta camina la tragicomedia con sensibilidad y sin golpes bajos. Hay música, danza, humor y pasajes de emoción franca. La risa llega justo donde la escena podría volverse solemne, y le regala al espectador un respiro. Ese tono cercano permite entrar en una historia íntima sin que nadie pida explicaciones. Al salir de la sala queda una pregunta dando vueltas: qué hacemos con lo que ocurrió y con todo lo que quedó afuera.
El texto de Cintas une el biodrama con una ficción armada a partir de lo que pudo pasar. La protagonista propone recrear momentos imaginados, hasta escenas de una familia que nunca compartió ciertos recuerdos. El material real sostiene el relato, y la obra deja a la vista su propia invención. Esa tensión le da pulso. La palabra no busca fijar una versión definitiva: abre un terreno donde la memoria toma formas distintas.

La escritura lleva el oficio teatral adentro de la acción. Los intérpretes cuentan sus recursos, dudan, reciben indicaciones y discuten hacia dónde va una escena. El público espía el revés de la función: los cambios de vestuario, la utilería, las decisiones que sostienen a cada personaje. La obra rompe la cuarta pared y la convierte en motor de humor. Eso no enfría la emoción. Le da un cauce, y el dolor encuentra por dónde salir.
La dirección de Elena Acuña y Cintas ordena esos planos con claridad. La puesta alterna el relato de los hechos, las escenas inventadas y los ensayos que ocurren en plena función. El espacio es austero y está cuidado en cada detalle, y alcanza para que cuerpos, objetos y música armen cada situación. El pacto empieza antes de la primera palabra: el elenco ya está en el escenario, prepara cuerpo y voz, y el público lo ve. La ficción empieza a tomar forma ahí, a la vista de todos.
El ritmo sostiene la atención sin apurar los cambios de clima. Un chiste puede dar paso a una escena muy delicada, y la obra deja que cada momento respire. La coreografía de Andrés Molina, la música de Pepo Lapouble y la iluminación de Damián Monzón acompañan ese recorrido. El vestuario y la escenografía de Paula Molina aportan lo justo para cada transformación. Nada recarga el espacio, y cada objeto tiene su función en el juego.
El elenco de Franco Giacoboni, Omar Possemato, Lola Penélope y Marcela Rovello pasa de un personaje a otro con soltura. Cada cambio muestra el trabajo de actuar y, al mismo tiempo, cuida el vínculo con Sofía. Hay complicidad, escucha y buen manejo del humor. Cuando la obra llega a su zona más sensible, las actuaciones sostienen la emoción sin subrayarla. Esa medida deja que cada espectador reciba el relato desde su propia historia.

Lo Posible se presenta los sábados hasta fines de noviembre, a las 20:30hs, en el Teatro El Grito, en Costa Rica 5459, Palermo. Es una propuesta para quien busca un teatro cercano, de ideas claras y emoción sin grandilocuencia.
La obra no ofrece una receta para atravesar una pérdida. Ofrece un gesto: narrar, imaginar, compartir. Ahí aparece una forma de reparación que no cambia el pasado, pero abre otra relación con él. Cuando se apagan las luces, uno se lleva una pregunta tierna y firme: qué vida cabe en lo que todavía podemos imaginar.