Hay obras que uno ve y se olvida al salir por la puerta. Y hay otras que te siguen. Que te instalan algo adentro y no te lo devuelven. Rewind, de la compañía internacional Ephemeral Ensemble, es de las segundas.
Este fin de semana, Buenos Aires es el escenario de algo poco común. El Galpón de Guevara —ese espacio íntimo de Guevara 326, en el corazón de Chacarita— recibió una propuesta escénica que mezcla teatro físico, música en vivo e investigación forense real. Sesenta y cinco minutos. Sin respiro. Sin adornos innecesarios. Solo la historia de Alicia, una joven que se atrevió a resistir al autoritarismo, y el rastro que dejó su desaparición en quienes la amaron.
No es fácil ver Rewind. Pero es necesario.

La obra no nació de un escritorio ni de una idea abstracta. Se forjó a partir de testimonios reales —de refugiados y migrantes latinoamericanos de distintas generaciones— y del trabajo científico del Equipo Argentino de Antropología Forense, el EAAF. Ese grupo de investigadores que, con paciencia y una valentía enorme, exhumó fosas comunes, catalogó restos óseos y devolvió nombres a quienes el régimen quiso borrar para siempre.
También están presentes, en espíritu y en escena, las Madres de Plaza de Mayo. Ese grupo de mujeres que salió a reclamar con una foto en la mano cuando hacerlo era jugarse la vida. La obra les rinde homenaje sin grandilocuencia, sin discurso. Con imágenes. Con silencios que pesan.
La compañía, de origen multinacional, construyó Rewind en colaboración con la Universidad de Warwick y la productora local Producciones Níspero. No es un espectáculo importado y vaciado de contexto. Es una obra que habla de acá, de nuestra historia, de los años 70 y también de lo que pasó entre 2019 y 2021 en distintos países de la región. El puente entre pasado y presente se tiende con sutileza, y eso se agradece.
La dirección de Ramón Ayres tiene una mano muy particular. No explica, no subraya. Confía en el espectador. Construye capas —visuales, sonoras, corporales— y deja que cada uno encuentre su punto de entrada emocional. Hay escenas que funcionan como golpes directos. Otras son más poéticas, más oblicuas. Y en ese contrapunto reside buena parte de la fuerza de la obra.

La música en vivo de Alex Paton es un personaje más. Loops que se van superponiendo, texturas que crecen y se deshacen. Escuchar y ver al mismo tiempo produce una sensación rara, casi física. Y después están ellas. Louise Wilcox, como Alicia, logra algo difícil: hacer presente a alguien que ya no está. No actúa la muerte, actúa la vida que le arrancaron. Eyglo Belafonte, como su madre, es pura verdad escénica. Hay un momento —no voy a spoilear nada— en el que la sala entera retiene el aliento. Eso no se fabrica. Pasa solo cuando el trabajo es genuino.
El elenco completo —Paolo Zaccuri y Josephine Tremelling también en escena— funciona como un organismo. Sin protagonismos innecesarios, sin escenas robadas. Ensemble, en el sentido más literal y más bello de la palabra.
Al salir del Galpón de Guevara, la noche del sábado tenía otra textura. Uno no sale con respuestas de una obra así. Sale con preguntas. Con la sensación de haber estado cerca de algo real, de algo que importa.
La función se repite este domingo. Rewind ganó premios en Edimburgo, fue elegida entre las diez mejores obras del año por The Guardian en Londres, y acumuló críticas de cinco estrellas en toda Europa. Pero más allá de los galardones... es el tipo de teatro que recuerda para qué existe el teatro. Para que nadie quede en el olvido.

Domingo 15 de marzo – 16:00 h
El Galpón de Guevara – Guevara 326, CABA
Entradas: $20.000
A la venta en Alternativa Teatral