29 Jan
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Hay propuestas que te sacuden desde el primer minuto. Vox Popurrí es una de esas. Tres mujeres sobre el escenario, voces que se entrelazan con una precisión quirúrgica, y un humor que no necesita golpes bajos para hacerte reír hasta que te duela la panza. "Fanfarria, al latido de un compás" arrancó su temporada 2026 en la Sala Melany ( San Luis 1750 ) de Mar del Plata, y lo hizo con todo: música en vivo, sketches delirantes, coreografías que sorprenden y una energía que contagia desde la platea. 


¿Qué es exactamente este espectáculo?

 Imaginate una varieté donde conviven la cumbia barroca y el candombe rock, donde las canciones de toda la vida se disfrazan de otra cosa. Judith Morales, Tamara Prato y Camila Suero construyen un universo escénico que desafía las etiquetas. No es solo teatro musical, no es solo comedia. Es todo eso mezclado, sin pedir permiso. 

La cosa funciona porque las tres saben lo que hacen. Los arreglos corales —obra de Camila— permiten que cada voz brille en su registro: Tamara ocupa las notas graves con su mezzo, mientras Judith y Camila se turnan entre medias y agudas. Esa química vocal se cocinó en ensayos, en risas compartidas, en años de cruces profesionales. 



Y hablando de cómo nació todo... la historia tiene algo de inevitable. Las tres se conocían del ambiente marplatense, se cruzaban en proyectos ajenos, hasta que un día dijeron: "Tenemos que hacer algo juntas". Así, sin grandes planes. Empezaron a reversionar canciones con humor y de a poco fueron agregando capas: lo teatral, los personajes, los sketches. 

Lo que empezó como un experimento entre amigas se convirtió en un fenómeno que las llevó de las salas pequeñas a Corrientes, del interior a una nominación al Estrella de Mar, de las redes sociales (donde sus videos superan los 25 millones de reproducciones) a llenar teatros en pleno verano.



Vox Popurrí es un equipo donde los padres hacen la escenografía, la hermana de Camila tira papelitos en los videos, y todo tiene un aire analógico que se siente honesto. No hay grandes producciones ni efectos digitales. Hay tres mujeres talentosas, objetos cotidianos, utilería simple y mucho laburo detrás. Y el resultado es profesional. 

La dirección de Mariano Magnífico completó el círculo. Este experimentado actor de Buenos Aires sumó esa vuelta de rosca que el trío buscaba. No se trata solo de cantar bien o de hacer reír; se trata de construir un relato escénico que invite al público a bajar las defensas, a volver a ser niños por un rato. 

Porque "Fanfarria" tiene eso: te desarma. Te hace acordar a canciones que creías olvidadas, te sorprende con arreglos que jamás imaginaste, te hace carcajear con situaciones absurdas. Y en el medio de todo eso, te emociona. La gente sale del teatro llorando —llorando de risa, sí, pero también de otra cosa. De esa sensación de haber compartido algo genuino, algo que no te venden seguido. 

La versatilidad de las protagonistas es clave. Camila se encarga de los arreglos vocales, toca el piano, dirige. Judith y Tamara no solo cantan: actúan, bailan, crean personajes. Las tres son compositoras, actrices, músicas. Saben moverse entre géneros sin que nada suene forzado. Pasan del tango a la murga, del folklore al pop, de la música académica a la popular sin perder el hilo. Y todo con un formato flexible que les permite incorporar repertorio nuevo, cambiar cosas, mantener el espectáculo vivo. 



Quizás lo más interesante de Vox Popurrí es que representa algo que escasea: un proyecto artístico hecho desde la autenticidad, sin poses ni fórmulas prefabricadas. En tiempos donde todo parece calculado para algoritmos y métricas, estas tres marplatenses apuestan por el encuentro en vivo, por la risa sana, por la música que conecta generaciones. 

Y funciona. Funciona porque el teatro —esa manifestación cultural con miles de años encima— sigue vivo justamente por esto: porque nada reemplaza la experiencia de estar ahí, de compartir el momento con desconocidos que de pronto se convierten en cómplices de la misma emoción. Vox Popurrí lo entiende. Y lo celebra cada domingo en la Sala Melany, recordándonos que a veces lo mejor que podemos hacer es dejarnos llevar por el latido de un compás.


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